LITERATURA Y PSICOANALISIS,
ROMANTISMO Y PSICOSIS
La relación de intimidad entre psicoanálisis y literatura, en principio deseada por Freud, alimentado de lecturas y sonando con la cosa literaria, se infiltra, luego, entre la pluma y el papel y aporta a la tinta tonalidades que no poseía, otro espesor. Estudios teóricos con subtítulos que les dan valor literario, se interesan por un Edipo a la sombra de los románticos, como Hamlet, como Don Quijote. Imposibilidad imperativa de imaginarlos sin los románticos. En el limite de un amaneramiento romántico tan común a los fetichistas, de una Gradita de pies ágiles. Verdadero tormento de un Dostoïevski con un romanticismo desconocido por Thomas Mann. Melanie Klein y el romanticismo negro, Lacan y el romanticismo cristiano. El psicoanálisis también sería, antes que nada, ciencia romántica . No se escribe de otra manera. Romanticismo de los complejos y de los matemas.
Es un justo retorno de las cosas que la gente de letras, críticos o autores, se inspiren en el psicoanálisis o lo estudien profundamente. Barthes fue, quizás, el primero en señalar los vínculos íntimos entre el psicoanálisis y el romanticismo, superando a Lacan en la clarificación del vinculo analítico como articulado no tanto sobre la base del modelo del amor cortes sino, mas bien, al del amor romántico. Un critico literario, Peter Fuller, subraya que en la cultura grecorromana el objeto es amado y concebido como una totalidad perfecta, en tanto que para los románticos lo es por su mutilación y su imperfección . No olvidemos, sin embargo, que la degradación del objeto esta acompañada por su mas alta idealización. Al prolongar el movimiento de Barthes, Derrida llega a la deconstrucción, finalmente bastante romántica. Con ella, impone a los que querían una teoría sicoanalítica lisa, homogénea y coherente, una lectura del psicoanálisis que lo disloca sin, por ello, renegar de él.
Freud, heredero del romanticismo. Lacoue-Labarthe y Nancy muestran hasta que punto el ideal de un absoluto literario es paralelo a la fragmentación de la literatura . Esta fragmentación reaparece en el interior del psicoanálisis. Veamos un ejemplo en la 31° de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, en su ultima traducción: el termino Zerlegung esta traducido como descomposición, en tanto que la traducción inglesa prefiere otra opción de la palabra alemana, mas violenta, disección.
Freud aparece, no como el primer psicoanalista, ni como científico, sino como poeta que ubica a Edipo, Antígona y Hamlet en un mundo dominado por Don Quijote, Don Juan y Fausto. Toda lectura supone otras en el interior del texto leído, no solo de autores contemporáneos, sino también de los más antiguos, aun cuando se vuelvan contemporáneos por el hecho de ser leídos. Un libro torna sentido solo entre otros libres a los que refiere o cuando él mismo se convierte en referencia, en su valor de significante . El libro de Schreber se comprende a partir de las obras a las que remite, manifiesta o latentemente, mas allá de los sufrimientos que expone. El libro en tanto sueno: "La critica psicoanalítica busca en los textos las asociaciones "libres" que revelan la lucha que existe entre un cuerpo y la sociedad de que depende ." Las asociaciones "libres" de Schreber son románticas de una manera perfecta. Sus lecturas también llevan la huella de la inscripción del mundo schreberiano en nuestro propio mundo. El alma esta tejida de los vínculos entre el sexo y la cultura.
El romanticismo no terminó decididamente con la destrucción de nuestros últimos sueños . Por el contrario, allá abreva la fuerza de su renacimiento, en su siempre Intima relación con algunas formas de la locura. Su estética no se restringe a las bellas artes sino que se encuentra en cualquier terreno de la vida social, desde la administración de empresas hasta el funcionamiento cotidiano de la burocracia, como un modo de protección, de defensa, como un sueno temeroso de mundos y de maneras de ser resplandecientes, mas allá del encantamiento.
Esta breve recapitulación del romanticismo, establecida por estudios y trabajos críticos, no observa una estricta cronología puesto que los principales temas de este movimiento atraviesan mas de un siglo. El mayor interés se aplica al romanticismo alemán, el único romanticismo verdadero, según Thomas Mann.
En la época en la que Schreber escribe su libro, el romanticismo conoce un sobresalto y reaparece con la denominada forma "negra". Sin embargo, Schreber se refiere casi siempre a obras del siglo anterior. De este modo, obtiene un rigor inusitado de acuerdo con una exigencia común en su tiempo. Qué intentaban recuperar, él y sus contemporáneos, que podría ayudarnos a comprender su concepción del mundo? La religión de la poesía, la imagen del hombre honesto, del artista puro y de la mística confundidos en una sola Santa Trinidad. La bondad, el bien y la belleza por fin reunidos. Y también otra cosa. La razón misma es romántica con Gœthe o con Hegel.
Sin embargo, en los orígenes, los románticos se dedican a la desvalorización de otra concepción de la razón. La palabra romántico sufrirá, en su historia, un cambio radical. Su origen es inglés y al comienzo expresa el desprecio realista del "buen sentido" frente a las locuras quijotescas de los españoles. Cuando aparece, hacia la segunda mitad del siglo xvii, su connotación es peyorativa. Milton va a darle nobleza. romántico será, entonces, el hombre perdido en la contemplación de la naturaleza y del pasado. De este modo, progresivamente, esta palabra va a designar un estado del espíritu, un "no se que", cuya explicación por medio de las categorías de la razón sigue siendo imposible por definición .
El objetivo de los románticos es la expresión plena de las emociones individuales o colectivas. Para Nováis, basta con atribuir a lo ordinario y a lo cotidiano la "dignidad de lo desconocido" para que se vuelvan románticos. Esta afirmación le hubiera parecido absurda a sus antepasados clásicos que les habrían atribuido dignidad a la razón y al conocimiento, nunca a lo desconocido, que era sentido como enemigo. La búsqueda de lo desconocido desemboca, paradójicamente, con Kleist o Brentano, pero también con Schreber, en la búsqueda del "orden del mundo".