COMO LOS HOMBRES SE CONVIERTEN EN MUJERES SEGUN LO QUE VEAN Y LO QUE OIGAN,
PARA DEDICARSE A VER Y HACERSE ENTENDER. ACERCA DEL NARCISISMO, DEL FETICHISMO
Y DE LA PSICOSIS.
SCHREBER, OYENTE DE WAGNER.
SEGUIMOS CON BYRON
Entre la evitación practicada "de manera tal que los órganos genitales (externos) masculinos (escroto y miembro viril) se retrajeran dentro del vientre" (S-53) y la afirmación de la existencia sobre su cuerpo, "especialmente en los senos", de particularidades del sistema nervioso pertenecientes al cuerpo de la mujer (S-420), Schreber recorrió un largo camino. La equivalencia entre senos y pene aparece en, al menos, una ocasión: los órganos de uno y otro sexo subsisten de manera rudimentaria. Schreber cita, como ejemplo, "los pezones del hombre" lo que confirma, como retorno, la teoría sexual infantil del clítoris como rudimento del pene.
Este postulado implica la negación de una diferencia radical entre los sexos, el rechazo al reconocimiento de una alteridad fundamental entre el hombre y la mujer. La plena afirmación de esta diferencia o el pleno reconocimiento de esta alteridad exigen que se admita la angustia, no solo de la castración, sino también del conjunto de los registres de la privación y de la frustración. La falta es, entonces, esencial, para la oscilación entro lo lleno y lo vacío y para la constitución de la subjetividad. La falta abraza los contornos del enigma.
Mantener la fantasía de órganos que subsistirían de una "forma rudimentaria" para cada uno de los sexos atenúa la angustia de castración. La posibilidad de la inscripción imaginaria de una totalidad capaz de realizarse en la plenitud, autorealizante y que excluye el enigma, permanece intacta, cualquiera sea la forma que adopte. Por ejemplo, esta totalidad se realiza a través de una cierta fenomenológica del espíritu, pero también a través de la esfinge, el vampiro, el lobo, el monstruo: todos nombres de la fantasía de los padres combinados. Mientras los padres siguen estando combinados, sus descendientes no pueden separarse de ellos y tienden a confundirse con ellos. La Esfinge, Layo, Edipo, Tebas, Yocasta y su descendencia forman una de esas totalidades en las que se lleva a cabo un destine sin piedad. La Esfinge, al hacerle una pregunta a Edipo, actúa de tal manera que este olvida preguntarse sobre su existencia, existencia que constituye, mucho mas que la pregunta, el verdadero enigma. El psicótico se dedica a la creación de estas totalidades, mientras cae en el desamparo y en la compulsión de repetición, entre los extremos de lo vacío y de lo lleno. La posibilidad de fantasear una totalidad reemplaza el enigma cuyo carácter invasor constituiría el origen de la deriva delirante.
La visión juega un papel mayor en cada una de las etapas de la constitución del enigma, e incluso en el rechazo del enigma a favor de la búsqueda de totalidad. La mirada que busca la estrella en el fondo de otra mirada es inquieta, en tanto que la mirada que busca su propio brillo se pierde. Schreber quiere, sin césar, posar su mirada en seres femeninos, sin césar, contemplar imágenes femeninas. El doctor Weber señala la predilección de su paciente por la contemplación "de ilustraciones de mujeres desnudas" y nota que él mismo dibuja algunas, algunas veces (S-384). Leer es escribir. "Ver" mantiene una relación estrecha con, según la expresión de Schreber, "el dibujar", visión de la imaginación en la que no se trata de ver sino de hacer ver. Producir imágenes para mostrar a los rayos divinos 1e que los hace inofensivos (S157). Contrapoder milagroso (S-233). Mostrar una mujer que cae en el arrebato de la voluptuosidad (S-281), mirarse a uno mismo como hombre y mujer, una misma persona consumando el coito consigo mismo (S-282), éstos son los contrapoderes